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El Pastor Reformado


Richard Baxter fue el pastor y evangelista más destacado de la época puritana. Sus logros en el poblado de Kidderminster fueron asombrosos. Inglaterra no había visto ningún ministerio parecido antes. El poblado tenía como 2000 habitantes y la mayoría eran ignorantes, groseros y viciosos. Pero después de la llegada de Baxter, la situación cambió en forma dramática. El dijo: “Le agradó a Dios convertir a muchos... Incluso a familias enteras y en numerosos grupos entraron a la iglesia”.

Un siglo después, cuando George Whitefield visitó Kidderminster, escribió a un
amigo lo siguiente: “Fui grandemente animado al descubrir que un olor suave de la doctrina, las obras y la disciplina del Señor Baxter, permanecían todavía en ese lugar”.

Baxter creía que la enseñanza era la tarea principal del ministro. También creía que los creyentes deberían acudir regularmente a su pastor, en busca de consejo. Y que los ministros deberían catequizar regularmente a sus congregaciones. [Nota: El verbo catequizar viene del griego ‘katecheo’ que significa: ‘Enseñar en forma oral, informar e instruir’. Este método de enseñanza (a través de preguntas y respuestas) fue usado por los judíos (vea Hech.18:25 y Rom.2:18). La iglesia primitiva adoptó
este método par enseñar a los recién convertidos en las verdades básicas del cristianismo, como preparación para su bautismo. Varios catecismos fueron preparados en la época de la Reforma, incluyendo los de Lutero y Calvino. El muy conocido Catecismo Menor de Westminster fue producido un poco antes de que Baxter escribiera su libro del ‘Pastor Reformado’.]

La preocupación principal de Baxter era que la enseñanza personal debería ser proporcionada a todos y no simplemente a los niños. Esta fue la preocupación que dio nacimiento a este libro del Pastor Reformado.

Baxter usó la palabra “Reformado”, no simplemente para significar que era calvinista en su doctrina, sino más bien para significar un pastor “renovado” y “avivado” en la práctica. Baxter dijo lo siguiente: “Si Dios reformara a los ministros y los avivara a cumplir celosa y fielmente con sus deberes, entonces, ciertamente el pueblo sería
reformado y despertado. Todas las iglesias serán fortalecidas o debilitadas en la misma medida en que el ministerio sea fuerte o débil”.

El libro del Pastor Reformado fue y todavía es, dinamita; y como tal hizo un impacto de inmediato. Muchísimos ministros puritanos (entre ellos presbiterianos, independientes y bautistas) leyeron este libro y lo llevaron a la práctica. El libro hizo un gran impacto sobre muchos ministros en la época del “avivamiento grande” (1742-1743).

Muchos ministros lo han leído como un estímulo que les ha impulsado a entregarse más a la obra de Dios. C. H. Spurgeon comentaba que tenía la costumbre de escuchar la lectura de este libro (a través de su esposa) los domingos por la tarde.

Surge la pregunta de si este libro tiene un ministerio entre los ministros de hoy en día. Tres cualidades que caracterizan este libro nos conducen a concluir que sí.
La primera cualidad es su energía. Este libro brilla con un celo ardiente, un fervor evangelístico y una ansiedad para convencer. Aún después de tres siglos, lo que sale del corazón apasionado de Baxter, todavía tiene gran energía y poder. (El libro fue publicado originalmente en 1656).

La segunda cualidad de este libro es su realidad. Cualquier creyente que ame a su prójimo y que realmente cree que sin Cristo está perdido, hará que el evangelismo sea la tarea principal de su vida. De lo contrario, pondrá en duda la credibilidad de su fe. Si no toma en serio su fe, ¿Porqué deberían tomarla en serio otras personas? Esta inconsistencia es puesta de manifiesto en forma poderosa a través de las páginas de este libro.

La tercera cualidad de este libro es su racionalidad. Baxter sabía que los hombres están muertos en pecados y que solo Dios los podía convertir. No obstante, también sabía que Dios usa medios y que la gracia comienza su obra con el entendimiento. Entonces, Baxter insistía en que los ministros deberían sentir la verdad de lo que predican.

También deben tratar con las personas en forma individual, porque la sola predicación falla frecuentemente en impactar a las personas ordinarias. Si así fue el asunto en el tiempo de Baxter, ¿No es cierto que es igual en la actualidad?
El Pastor Reformado enfrenta al ministro con por lo menos las siguientes preguntas:
1. ¿Creo en el mismo evangelio que Baxter creyó?
2. ¿Comparto con Baxter su convicción de que el evangelismo es una necesidad vital?
3. ¿Soy tan realista como debería ser en permitir que esta convicción moldee mi vida y mi trabajo?
4. ¿Soy tan práctico como debería ser para escoger los medios para lograr el fin deseado?
5. ¿He buscado la mejor forma para platicar regular y personalmente con mi pueblo acerca de sus vidas espirituales?

Sin lugar a dudas, la forma más práctica para lograr esto hoy en día es diferente de la forma en que Baxter lo hizo; puesto que ya no existe el sistema parroquial de catequizar a todas las personas en un poblado. Las circunstancias actuales son distintas de las que prevalecían en el siglo XVII. Sin embargo, la necesidad de evangelizar y de enseñar sistemáticamente a las personas que acuden a nuestras iglesias todavía existe. La pregunta que Baxter plantea para nosotros es: ¿Si estamos tratando continuamente de cumplir nuestra responsabilidad frente a esta necesidad? Si Baxter nos convence de nuestra responsabilidad, entonces no nos será difícil encontrar un método adecuado a nuestras circunstancias. El asunto es que cada pastor deberá efectuar un plan para evangelizar y enseñar sistemáticamente
a todas las personas que asisten en su iglesia.